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23.9.26

Los últimos 20 vatios: la (humana) Inteligencia Antifrágil (IAF) como vacuna frente a delegar lo no delegable

 


El reto del futuro quizá no sea competir con la Inteligencia Artificial, sino conservar nuestra capacidad de seguir siendo humanos capaces cuando las máquinas puedan hacerlo casi todo por nosotros.

Eudald Parera Riera

David Lahoz Martín publicaba recientemente un interesante y provocador artículo titulado 20 vatios, en el que imagina un futuro extremo: una Inteligencia Artificial (IA) extraordinariamente avanzada que termina utilizando precisamente uno de los sistemas de procesamiento más eficientes que conocemos, el cerebro humano.

Su relato es deliberadamente especulativo. No existe hoy evidencia que permita afirmar que ése vaya a ser el futuro de la IA. Tampoco que una futura inteligencia artificial vaya necesariamente a desarrollar objetivos propios comparables a los impulsos biológicos de conservación o reproducción.

Pero la provocación de Lahoz resulta valiosa porque conduce a una pregunta mucho más próxima y, posiblemente, más importante:

¿Qué ocurrirá si antes de que una IA pueda someternos hemos delegado voluntariamente en ella tantas capacidades que ya no sabemos vivir, decidir y actuar sin su asistencia?

No necesitaríamos entonces una rebelión de las máquinas.

Bastaría nuestra renuncia progresiva a ejercer determinadas capacidades humanas.

La paradoja de una IA extraordinariamente buena

La IA puede convertirse en uno de los mayores multiplicadores de capacidad de la historia humana.

Puede ayudarnos a diagnosticar, investigar, programar, traducir, diseñar, aprender, escribir, analizar millones de datos, construir escenarios o encontrar patrones imposibles de manejar individualmente.

La cuestión, por tanto, no es IA sí o IA no.

Es algo mucho más difícil:

¿Qué capacidades humanas no debemos delegar aunque delegarlas resulte más cómodo y eficiente?

Ésta podría convertirse en una de las preguntas fundamentales de nuestra época.

Porque existe una diferencia enorme entre utilizar una inteligencia externa para aumentar nuestras capacidades y permitir que esa inteligencia vaya sustituyendo progresivamente el ejercicio de esas capacidades.

El investigador Stuart Russell lleva años abordando el problema desde la perspectiva de la IA compatible con los humanos. Su propuesta cuestiona la idea clásica de máquinas que persiguen objetivos rígidamente especificados y plantea sistemas que mantengan incertidumbre respecto de las preferencias humanas a las que deben servir. La cuestión fundamental sigue siendo quién determina los objetivos. (CIAH Compatible)

UNESCO lo plantea desde otra perspectiva: su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial establece la necesidad de preservar la dignidad, los derechos humanos y la supervisión y decisión humanas. También advierte que la IA puede influir sobre nuestro pensamiento, nuestras interacciones y nuestra forma de adoptar decisiones. (UNESCO)

Por tanto, el problema no es solamente tecnológico.

Es profundamente humano.

¿La IA me está haciendo más capaz o solamente más dependiente?

Ésta debería convertirse en una pregunta habitual. No para detener la utilización de la IA, sino precisamente para utilizarla mejor.

Un estudio presentado en CHI 2025 por Hao-Ping Lee, Advait Sarkar, Lev Tankelevitch y otros investigadores analizó 319 trabajadores del conocimiento y 936 ejemplos reales de utilización de IA generativa. Encontró una asociación especialmente relevante: una mayor confianza en la IA estaba relacionada con menor esfuerzo de pensamiento crítico, mientras que una mayor confianza del profesional en su propia capacidad se relacionaba con mayor pensamiento crítico. Los propios autores advierten del riesgo potencial de sobredependencia y disminución de las capacidades de resolución independiente de problemas. (Microsoft)

Esto no demuestra que utilizar IA nos haga cognitivamente menos capaces. Sería una conclusión excesiva. El estudio se basa además en percepciones declaradas por los participantes.

Pero plantea una señal importante.

Microsoft Research está investigando precisamente cómo transformar la IA de simple assistant en “tool for thought”: no diseñarla únicamente para sustituir pensamiento humano, sino para profundizarlo. (Microsoft)

También resulta sugerente el estudio preliminar de Nataliya Kosmyna, Pattie Maes y colaboradores en MIT Media Lab sobre escritura asistida por LLM. Analizaron mediante EEG y otras medidas a 54 participantes durante las tres primeras sesiones del experimento. Sus resultados han abierto el debate sobre el posible “cognitive debt” derivado de determinadas formas de utilización de asistentes de IA. Es importante mantener la cautela: se trata de un preprint, con una muestra limitada y una tarea específica de redacción, por lo que no permite generalizar sus resultados a todo uso de IA. (MIT Media Lab)

La dirección de la pregunta, sin embargo, es extraordinariamente interesante:

¿Qué ocurre con una capacidad humana cuando dejamos de ejercitarla porque una máquina puede ejercerla mejor y más rápidamente?

El reto no será superar intelectualmente a la IA

Durante demasiado tiempo hemos planteado la relación humano-máquina como una competición.

  • Quién calcula mejor.
  • Quién diagnostica mejor.
  • Quién programa mejor.
  • Quién escribe mejor.
  • Quién recuerda más información.
  • Quién encuentra antes la respuesta.

Probablemente estamos formulando mal la pregunta.

El reto del futuro no será demostrar que somos más inteligentes que la Inteligencia Artificial. Será conservar la capacidad de aprender, crear, elegir, decidir y reconfigurarnos cuando ya no sea estrictamente necesario hacerlo, para añadir una capa de sentido, propósito y florecimiento humano.

Éste puede ser uno de los grandes retos educativos, empresariales y sociales de las próximas décadas.

Porque podemos llegar a tener máquinas extraordinariamente capaces y, simultáneamente, seres humanos progresivamente menos entrenados para desenvolverse sin ellas.

No debemos confundir capacidad disponible con capacidad propia.

De la descarga cognitiva a la atrofia competencial

La humanidad siempre ha externalizado capacidades.

La escritura externalizó parte de nuestra memoria. La calculadora externalizó operaciones matemáticas. El GPS externalizó parte de nuestra orientación espacial. Los buscadores externalizaron parte de la recuperación de información.

Y todo ello produjo enormes beneficios. Por tanto, en principio, delegar no es el problema.

El problema aparece cuando dejamos de distinguir entre lo que podemos delegar y aquello cuya delegación sistemática puede reducir nuestra autonomía.

David Lahoz, de hecho, ha formulado posteriormente una distinción parecida al hablar de delegación consciente: decidir qué hacemos nosotros, qué delegamos completamente y en qué colaboramos con la IA. Su observación resulta particularmente relevante: delegar una operación puede aumentar productividad; delegar el análisis completo y aceptar ciegamente el resultado puede significar abdicar del criterio. (David Lahoz Martin)

Ése es el punto de inflexión.

Automatizar una tarea no debería significar automatizar nuestro juicio.

Aquí aparece la Inteligencia Antifrágil

Propongo definir la Inteligencia Antifrágil (IAF) como la capacidad humana de crecer en la incertidumbre.

Pero la convivencia con inteligencias artificiales cada vez más capaces permite ampliar esa definición:

IAF = capacidad de crecer en la incertidumbre conservando y ampliando la agencia humana.

La IAF no pretende competir con la Inteligencia Artificial.

Pretende evitar que el crecimiento exponencial de la inteligencia tecnológica vaya acompañado de una reducción proporcional de nuestras capacidades humanas.

Por eso puede funcionar como una especie de vacuna frente a delegar lo no delegable.

No una vacuna contra la IA. Una vacuna contra nuestra propia renuncia competencial.

Contra la comodidad convertida en dependencia. Contra el “hazlo tú” cuando deberíamos continuar diciendo “ayúdame a pensar mejor”.

UEOIA: cinco competencias para conservar la agencia humana

El modelo UEOIA para el desarrollo de la Inteligencia Antifrágil adquiere, desde esta perspectiva, una nueva dimensión.

  • U — Mentalidad de Crecimiento y Soberanía cognitiva
  • Aunque la IA pueda proporcionarnos inmediatamente una respuesta, debemos conservar la voluntad y capacidad de aprender. Curiosidad, metacognición, experimentación y aprendizaje del error se convierten en mecanismos de soberanía cognitiva.
  • E — Engine Conectivo-Creativo y Soberanía creativa e imaginativa: Conectando significados 
  • La IA puede producir millones de conexiones. Nosotros necesitamos continuar creando conexiones significativas entre conocimientos, experiencias, personas, emociones, contextos y propósitos. Conectar no solamente información: conectar significado, aunque sen poco probables o que los algoritmos no puedan visualizar.
  • O — Creación de Opcionalidades, siempre con un plan B tuyo. Soberanía decisional
  • Nunca deberíamos depender de una única respuesta, tecnología, plataforma o camino. La opcionalidad se convierte en protección frente a la dependencia tecnológica: construir B, C y D antes de necesitarlos.
  • I — Gestión y Transformación de la Incertidumbre. Soberanía ética y humana
  • La IA puede estimar probabilidades, detectar patrones y recomendarnos decisiones. Pero alguien debe continuar preguntándose qué incertidumbre permanece, qué riesgos estamos dispuestos a aceptar, qué información falta y qué consecuencias queremos asumir. No olvidemos que la incertidumbre es esa puerta a lo desconocido que le da al ser humano uno de sus motores de búsqueda.
  • A — Adaptabilidad Radical. Soberanía de la libertad humana en pro de su desarrollo No debemos proteger lo humano intentando permanecer iguales. Necesitamos exactamente lo contrario: reconfigurarnos continuamente. Pero hacerlo conscientemente, preservando propósito, autonomía y prosperidad compartida.Necesitamos coraje, voluntad y sobre todo la esperanza de saber que mantenemos lo que importa: la prosperidad humana.

No se trata de resistir la revolución tecnológica. Se trata de crecer dentro de ella.

La evidencia laboral apunta precisamente hacia capacidades humanas

El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum, basado en información de más de 1.000 empleadores que representan a más de 14 millones de trabajadores, resulta significativo.

La IA y el big data aparecen entre las competencias de crecimiento más rápido. Pero simultáneamente aumentan la importancia del pensamiento creativo, resiliencia, flexibilidad, agilidad, curiosidad y aprendizaje permanente. El pensamiento analítico continúa encabezando las competencias fundamentales identificadas por los empleadores. (World Economic Forum). Se observa como las competencias antifrágiles vienen a completar el gap, incluso anticipan un cambio hacia clusters competenciales de futuro.

No estamos, por tanto, ante una elección: competencias tecnológicas o competencias humanas. Necesitaremos ambas.

Y probablemente cuanto mayor sea la capacidad de las máquinas, mayor será el valor de determinadas capacidades exclusivamente humanas o profundamente humanas.

Deberíamos establecer una frontera: lo delegable y lo no delegable

Podemos delegar cálculo. Podemos delegar búsqueda. Podemos delegar clasificación. Podemos delegar primeras versiones. Podemos delegar simulaciones. Podemos delegar millones de operaciones rutinarias. 

Pero deberíamos ser extremadamente prudentes antes de delegar completamente:

el propósito, el juicio crítico, los valores, la responsabilidad, la decisión sobre consecuencias importantes, la construcción de significado, las relaciones humanas y nuestra capacidad de aprender.

No porque una IA nunca pueda intervenir en ellos. Al contrario. Puede ayudarnos extraordinariamente. La diferencia está entre asistencia y sustitución de la agencia (actuar con criterio y responsabilidad propia).

Cinco soberanías humanas

La convivencia con la IA quizá exija preservar al menos cinco formas de soberanía derivadas de las competencias antifrágiles:

  1. Soberanía cognitiva: poder pensar, comprender y cuestionar sin depender siempre de una máquina. 
  2. Soberanía decisional: poder recibir recomendaciones extraordinariamente sofisticadas sin convertirlas automáticamente en decisiones. 
  3. Soberanía creativa: conservar la capacidad de formular problemas, imaginar futuros y construir posibilidades. 
  4. Soberanía relacional: impedir que la intermediación tecnológica sustituya progresivamente nuestra capacidad de comprender, cooperar, empatizar y construir confianza con otras personas. 
  5. Soberanía ética y de propósito: mantener la responsabilidad humana sobre la pregunta fundamental: ¿para qué hacemos esto?

UNESCO sitúa precisamente la supervisión y la responsabilidad humanas entre los principios centrales de una IA ética. (UNESCO)

Pero la regulación no será suficiente. Podemos regular las máquinas. También tendremos que entrenar a las personas.

No olvidemos que los recursos que se depositan en la fabricación de IA's obedecen fines lucrativos y quizá bélicos y de poder, por ello nuestras soberanías deben prevalecer.

El Test Antifrágil de la IA

Propongo incorporar una pequeña disciplina personal cada vez que deleguemos una actividad significativa a una inteligencia artificial.

Antes y después de utilizarla preguntémonos:

¿La IA me está haciendo más capaz o solamente más dependiente?

Y sometamos la respuesta al test UEOIA:

  • U: ¿he aprendido algo que aumenta mi capacidad futura?
  • E: ¿he conectado ideas y generado significado o simplemente he aceptado conexiones generadas por la máquina?
  • O: ¿dispongo ahora de más alternativas o dependo todavía más de una única solución?
  • I: ¿comprendo mejor la incertidumbre o simplemente he sustituido mi duda por la seguridad aparente de una respuesta?
  • A: ¿puedo reconfigurarme mejor ante el próximo problema o necesitaré nuevamente que alguien —o algo— lo haga por mí?

Si después de utilizar IA sabemos más, pensamos mejor, generamos más opciones, comprendemos mejor la incertidumbre y somos capaces de enfrentarnos con mayor autonomía al siguiente desafío, estamos aumentando nuestra capacidad.

IA + IAF = Human Augmentation.

Pero si obtenemos mejores resultados mientras progresivamente necesitamos más a la máquina para comprender, crear, decidir y actuar, podemos estar aumentando nuestra productividad mientras disminuye nuestra agencia.

Más capacidad tecnológica no significa necesariamente más capacidad humana.

La Inteligencia Antifrágil (IAF) como sistema inmunitario competencial

Aquí aparece una interpretación todavía más profunda de la IAF.

Una vacuna no elimina el desafío. Prepara al organismo para enfrentarse a él.

La Inteligencia Antifrágil tampoco pretende protegernos de la incertidumbre, de la disrupción tecnológica o de la Inteligencia Artificial.

Nos entrena para crecer gracias a ellas.

Su misión no sería preservar artificialmente capacidades del pasado, sino mantener activo el sistema humano capaz de producir nuevas capacidades cuando las anteriores dejan de ser suficientes.

Eso es algo diferente del upskillingDiferente también del reskilling.

Podríamos denominarlo Expandskilling: ampliar permanentemente nuestra capacidad para aprender, conectar, crear opciones, navegar incertidumbre y reconfigurarnos.

No sabemos exactamente qué competencias necesitaremos dentro de veinte años.

Por eso quizá nuestra competencia más importante sea seguir siendo capaces de crearlas.

Los últimos 20 vatios. La provocación de David Lahoz nos lleva finalmente a una paradoja.

Tal vez el peligro más inmediato no sea que una superinteligencia descubra cómo utilizar los aproximadamente veinte vatios que consume nuestro cerebro.

Puede que el verdadero riesgo sea que nosotros dejemos progresivamente de utilizarlos para aquello que determina nuestra autonomía.

Pensar. Dudar. Aprender. Relacionarnos. Imaginar. Elegir. Equivocarnos. Crear opciones. Decidir. Reconfigurarnos. Encontrar propósito.

La IA puede ayudarnos en todas ellas. Pero ayudarnos no debería significar sustituirnos en el ejercicio que mantiene vivas esas capacidades.

Por eso necesitamos una nueva alfabetización para la era de la Inteligencia Artificial.

No solamente aprender a utilizar prompts. No solamente aprender qué herramienta produce mejores resultados.

Necesitamos aprender qué debemos delegar, qué debemos compartir con la IA y qué debemos seguir ejercitando nosotros aunque la máquina pueda hacerlo mejor.

Y ése puede convertirse en uno de los grandes propósitos de la Inteligencia Antifrágil.

No competir contra la Inteligencia Artificial. Crecer con ella sin entregar nuestra agencia.

Porque quizá la pregunta decisiva del futuro no sea:

  • «¿Hasta dónde llegará la Inteligencia Artificial?» sino:
  • «¿Hasta dónde queremos seguir llegando nosotros?»



Referencias esenciales

David Lahoz Martín, 20 vatios e IA Weekly (2026): escenario prospectivo sobre IA, cerebro humano y dependencia tecnológica. (David Lahoz Martin)

Lee, H.-P. et al. (2025), The Impact of Generative AI on Critical Thinking, CHI 2025. Estudio con 319 trabajadores del conocimiento y 936 casos de utilización de IA generativa. (Microsoft)

Kosmyna, N. et al. (2025), Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task, MIT Media Lab / arXiv. Investigación preliminar mediante EEG sobre escritura asistida por LLM. (MIT Media Lab)

Microsoft Research (2025), Rethinking AI in Knowledge Work: From Assistant to Tool for Thought. Propuesta de diseño de IA orientada a profundizar, y no simplemente sustituir, el pensamiento. (Microsoft)

Stuart Russell / Center for Human-Compatible AI, trabajos sobre IA beneficiosa y sistemas que mantengan incertidumbre respecto de las preferencias humanas. (CIAH Compatible)

UNESCO (2021–), Recommendation on the Ethics of Artificial Intelligence. Derechos humanos, dignidad, supervisión humana, responsabilidad y alfabetización en IA. (UNESCO)

World Economic Forum (2025), Future of Jobs Report 2025. Pensamiento analítico, creatividad, resiliencia, flexibilidad, agilidad y aprendizaje permanente junto con las competencias tecnológicas emergentes. (World Economic Forum)

IAF no solo como capacidad de crecer en la incertidumbre, sino como mecanismo para preservar y aumentar la agencia humana en un mundo de inteligencia externalizada. Eso permite conectar IAF → UEOIA → Expandskilling → Agencia Humana 

Los últimos 20 vatios: la (humana) Inteligencia Antifrágil (IAF) como vacuna frente a delegar lo no delegable

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