¿Necesitamos las mismas competencias antifrágiles a los 25 que a los 47, 65 u 80 años?
Probablemente no con la misma intensidad. Pero sí necesitamos mantener algunas vivas.
Durante años se ha divulgado una imagen fascinante: la curva en U de la felicidad. Nuestra satisfacción vital tendería a disminuir desde la juventud, tocar fondo aproximadamente en la mitad de la vida y recuperarse después.
David G. Blanchflower encontró este patrón en numerosos países y bases de datos. En uno de sus grandes análisis, el mínimo medio se situaba alrededor de los 47,2 años en los países desarrollados y 48,2 en los países en desarrollo. Estudios anteriores de Blanchflower y Andrew Oswald también habían encontrado mínimos en la mitad o segunda mitad de los 40.
Pero cuidado: 47 no es el año mágico de la infelicidad.
No existe un interruptor biológico que se active al cumplir esa edad. Y la propia investigación está evolucionando: trabajos más recientes de Blanchflower y colaboradores muestran que la tradicional U está cambiando e incluso desapareciendo en algunas poblaciones, debido, entre otros factores, al deterioro relativo del bienestar de los jóvenes. En Europa occidental tampoco encontramos hoy una única trayectoria común para todos los países.
Por tanto, quizá la pregunta verdaderamente interesante no sea: ¿A qué edad somos más felices?
Sino: ¿Qué necesitamos aprender, conectar, crear, decidir y reconfigurar en cada momento de nuestra vida para seguir creciendo?
Expectativas, realidad y frustración
Hannes Schwandt proporciona una pieza extraordinariamente interesante.
Analizando 132.609 expectativas de satisfacción vital y sus realizaciones posteriores, encontró que las personas jóvenes tienden a sobreestimar su satisfacción futura, mientras que en edades avanzadas aparece el fenómeno contrario: tendemos a subestimarla. Su investigación propone que las aspiraciones no satisfechas pueden ayudar a explicar parte de la caída del bienestar durante la mediana edad.
Tiene sentido intuitivo. A los 20 o 25 años existen muchos futuros posibles: la carrera que construiremos, el reconocimiento que conseguiremos, la pareja, los hijos, los viajes, la casa, los proyectos...
El futuro es enorme. Pero vivir significa también elegir. Y cada elección construye unas posibilidades mientras descarta otras.
Con el paso de los años aparece inevitablemente una distancia:
LO QUE IMAGINABA ↔ LO QUE HA SUCEDIDO
Y esa distancia puede convertirse en frustración. Pero también puede convertirse en aprendizaje. Ahí empieza, precisamente, el territorio de la Inteligencia Antifrágil.
Punset: la felicidad también está en buscar. Eduard Punset planteó en El viaje a la felicidad una conocida fórmula conceptual:
Felicidad = E × (M + B + P) / (R + C)
donde aparecen las emociones, el mantenimiento y atención a la vida, la búsqueda y las expectativas, las relaciones personales, los factores reductores y la carga heredada. No deberíamos interpretarla como una ecuación científica predictiva, sino como una representación conceptual de factores que intervienen en el bienestar.
Hay una variable que me interesa especialmente: B: la búsqueda y las expectativas.
Porque introduce una paradoja. Necesitamos expectativas para avanzar. Pero expectativas rígidas pueden convertirse en una fuente de frustración cuando la realidad no coincide con ellas.
Por eso quizá no necesitemos menos expectativas, sino aprender a construir expectativas más flexibles y opcionales. Y aquí aparece una conexión directa con la Inteligencia Antifrágil.
Carstensen: no sólo cambia nuestra edad; cambia nuestro horizonte. Laura Carstensen, desde Stanford, aporta otra pieza esencial mediante su teoría de la selectividad socioemocional.
Cuando percibimos que tenemos mucho tiempo por delante, tendemos a privilegiar objetivos relacionados con explorar, aprender, adquirir información y ampliar horizontes.
Cuando percibimos el tiempo como más limitado, adquieren mayor relevancia las experiencias emocionalmente significativas, las relaciones importantes y aquello que tiene valor ahora.
Lo extraordinariamente importante es que Carstensen demuestra que no se trata exclusivamente de edad cronológica. La percepción del horizonte temporal puede modificar nuestras prioridades.
Por eso hablar simplemente de "competencias por edad" sería demasiado rígido.
Prefiero hablar de: UEOIA situacional ) El modelo UEOIA es el sietma para el desarrollo de la Inteligencia Antifrágil
Al igual que sucede con el liderazgo situacional, las cinco competencias antifrágiles deberían permanecer activas, pero las circunstancias pueden exigir movilizar unas con mayor intensidad que otras.
La Inteligencia Antifrágil es la capacidad de crecer en la incertidumbre y emerge de la integración dinámica de cinco grandes competencias:
U — Mentalidad de Crecimiento
Aprender del desafío, del error y de aquello que no ha sucedido como esperábamos.
E — Engine Conectivo-Creativo
Conectar conocimientos, personas, experiencias y disciplinas para producir nuevas respuestas.
O — Creación de Opcionalidades
No depender de un único futuro. Construir caminos B, C y D antes de necesitarlos.
I — Transformación y Gestión de la Incertidumbre
Actuar, experimentar y aprender sin exigir certeza absoluta.
A — Adaptabilidad Radical
Reconfigurar deliberadamente pensamientos, conductas y recursos; abandonar lo que ya no funciona, preservar lo esencial y actuar con coraje y criterio ético hacia una prosperidad compartida.
Las cinco importan siempre. Lo que podría cambiar es cuál necesita más entrenamiento en este momento.
Un mapa provisional de nuestra vida antifrágil
No pretendo convertir las edades en compartimentos. Una persona de 70 años puede estar emprendiendo y necesitar enormes dosis de E y O; otra de 27 puede enfrentarse a una pérdida y necesitar sobre todo I y A.
Pero como hipótesis de desarrollo, podríamos imaginar algunas necesidades predominantes:
| Momento vital aproximado | Tensión característica | Competencias a reforzar especialmente |
|---|---|---|
| 18–30 | Muchas expectativas, identidad en construcción, enorme número de posibilidades | U + E: aprender intensamente y conectar mundos |
| 30–40 | Elegir implica renunciar; consolidación profesional y personal | O + I: construir alternativas y decidir sin certeza total |
| 40–55 | Mayor posible distancia entre expectativas y realidad; responsabilidades acumuladas | I + A: transformar incertidumbre y reconfigurarse |
| 55–65 | Transiciones profesionales, nueva relación con el tiempo y redefinición del éxito | A + O: reconfigurar y abrir nuevas posibilidades |
| 65–75 | Riesgo de que experiencia se convierta en repetición; búsqueda de contribución y propósito | U + E: seguir aprendiendo y conectar experiencia con mundos nuevos |
| 75+ | Mayor selectividad, cambios y pérdidas, pero enorme capital de experiencia | A + E: reconfigurar recursos y conectar para seguir contribuyendo |
No es una prescripción psicológica. Es una la propuesta de la UEOIA situacional que merece ser investigada. Porque dos personas de 50 años pueden necesitar entrenamientos completamente distintos.
La pregunta no debería ser solamente: ¿Qué edad tienes?
Deberíamos preguntar también: ¿Qué esperabas? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué incertidumbre estás viviendo? ¿Qué recursos conservas? ¿Qué debes desaprender? ¿Qué posibilidades todavía puedes crear? ¿Qué merece ahora tu tiempo?
Arthur Brooks: de innovar a enseñar. Los trabajos divulgativos de Arthur C. Brooks sobre felicidad y envejecimiento añaden otra perspectiva interesante.
Brooks populariza la distinción entre inteligencia fluida, especialmente útil para resolver problemas novedosos, e inteligencia cristalizada, alimentada por conocimiento y experiencia acumulados. Su propuesta para la segunda mitad de la vida es no intentar permanecer indefinidamente en la misma curva profesional, sino saber transitar hacia actividades donde experiencia, enseñanza, mentoría y sabiduría puedan adquirir mayor protagonismo.
Desde la Inteligencia Antifrágil yo añadiría algo: no sustituir una inteligencia por otra, sino reconfigurar los recursos disponibles.
La experiencia acumulada puede conectarse con IA, nuevas generaciones, nuevas disciplinas y nuevas redes.
El conocimiento senior no debería convertirse en museo. Debería convertirse en materia prima para nuevas opcionalidades.
La felicidad quizá no sea el destino
Aquí recupero una idea que llevo tiempo trabajando: distinguir la felicidad instantánea de la eudaimonía, entendida como florecimiento humano.
La emoción feliz puede ser efímera. La plenitud tiene más que ver con propósito, acción, relaciones, aprendizaje y desarrollo humano. Aristóteles vinculaba la eudaimonía con una vida activa conforme a la virtud; Viktor Frankl situaría el sentido en el centro de nuestra capacidad para atravesar la adversidad.
La Inteligencia Antifrágil introduce un elemento adicional: crecer con aquello que no habíamos previsto. No podemos garantizar una vida sin pérdidas, errores, frustraciones, enfermedad, disrupciones profesionales o incertidumbre.
Podemos entrenar nuestra capacidad para responder a ellas.
Por eso UEOIA debe permanecer viva. Ésta es mi propuesta.
No creo que UEOIA sea una escalera que subimos una vez:
U → E → O → I → A → FIN
Es un sistema vivo:
U → E → O → I → A → U → E → O → I → A...
Aprendo. Conecto. Creo opciones. Me enfrento a la incertidumbre. Me reconfiguro. Y después vuelvo a aprender desde la persona nueva en la que me he convertido.
A los 23. A los 47.A los 69. A los 85.
Porque la Adaptabilidad Radical no es el final de UEOIA.
Es el comienzo de una nueva vuelta.
Quizá deberíamos cambiar la pregunta. En lugar de preguntar: "¿Soy feliz?"
podríamos preguntarnos periódicamente:
¿Estoy aprendiendo?
¿Sigo conectando con personas, ideas y mundos diferentes?
¿Estoy construyendo opciones realistas?
¿Sé avanzar cuando no tengo todas las respuestas?
¿Soy capaz de abandonar lo que ya no funciona y reconfigurarme sin perder lo esencial?
Tal vez la curva verdaderamente importante no sea únicamente la curva de felicidad según nuestra edad. Tal vez deberíamos empezar a observar otra:
la curva de nuestra capacidad de reconfigurarnos durante toda la vida.
Porque en un mundo donde la incertidumbre no se jubila, nuestra capacidad de crecer con ella tampoco debería hacerlo.
Eudald Parera Riera
Autor de Inteligencia Antifrágil. Mejora, Crece, Prospera
Modelo UEOIA — Inteligencia Antifrágil


No hay comentarios:
Publicar un comentario