¿Qué queda en un equipo después de resolver un problema? Puede quedar alivio, una incidencia cerrada y la satisfacción del resultado. Pero también puede quedar algo más valioso: mayor capacidad para comprender, decidir y actuar ante la siguiente dificultad.
Esta es la aportación que propone la Inteligencia Antifrágil (IAF), la capacidad humana de crecer en la incertidumbre y complejidad de la vida, a la resolución de problemas. https://www.inteligenciaantifragil.es/
El World Economic Forum viene destacando la importancia de resolver problemas complejos y de desarrollar pensamiento analítico, creatividad y adaptabilidad. El reto para las organizaciones es entrenar su aplicación conjunta en situaciones reales.
El modelo UEOIA ofrece una estructura para hacerlo.
Antes de intervenir, necesitamos encuadrar: ¿qué ocurre, a quién afecta, qué evidencias tenemos y qué queremos mejorar? Formular «necesitamos una nueva herramienta» anticipa una solución; investigar por qué se producen retrasos abre el diagnóstico.
A partir de ahí, movilizamos cinco competencias:
U — Mentalidad de Crecimiento. Revisamos nuestras explicaciones. ¿Estamos ante falta de compromiso o ante responsabilidades confusas? Aprender comienza por distinguir lo que sabemos de lo que suponemos.
E — Engine Conectivo Creativo. Conectamos datos, conocimientos y perspectivas para comprender las causas y generar respuestas. Escuchar a quien vive el problema puede revelar lo que ningún informe muestra.
O — Creación de Opcionalidades. Convertimos las ideas en alternativas ejecutables. Comparamos recursos, impacto y reversibilidad, y conservamos margen para cambiar de rumbo.
I — Gestión y Transformación de la Incertidumbre. Identificamos qué desconocemos y diseñamos pruebas acotadas. Acordamos qué observar y cuándo continuar, ajustar o detener.
A — Adaptabilidad Radical. Utilizamos la evidencia para reconfigurar prácticas, roles y recursos. Verificamos la mejora y trasladamos lo aprendido a otras situaciones.
Durante todo el ciclo, el pensamiento analítico y crítico examina las evidencias; la colaboración integra perspectivas; y los valores humanos orientan las decisiones. Aprender requiere también tiempo, apoyo y recursos: el agotamiento no es una estrategia de desarrollo.
La mirada antifrágil invita a comprobar dos resultados: ¿hemos mejorado el problema y qué capacidad hemos desarrollado? Reducir retrasos es un logro. Que el equipo pueda detectar y resolver después otra dificultad con mayor autonomía es un avance adicional.
El problema no nos hace crecer automáticamente. Podemos, sin embargo, organizar nuestra respuesta para que deje aprendizaje utilizable, mejores alternativas y mayor capacidad de acción.
Resolver el presente y ampliar nuestra capacidad para el futuro: esa es la ambición de una resolución de problemas con Inteligencia Antifrágil.
Por Eudald Parera Riera autor de Inteligencia Antifrágil mejora crece prospera publicado en LID Editorial





